Cantata antirracista del sur de Europa es una instalación sonora excepcional tanto por el territorio que interpela como por el modo en que lo hace. No se trata de una obra que hable sobre una realidad social desde la distancia, sino de una pieza que emerge desde dentro de ella, construida a partir de las voces, los cuerpos y las experiencias de quienes sostienen, en condiciones de extrema precariedad, uno de los pilares invisibles de la economía agroindustrial del sur de Europa.
La obra se sitúa en el contexto concreto de los campos de agricultura intensiva de Torre Pacheco y el Campo de Cartagena, un territorio marcado por la sobreexplotación sistemática de jornaleros migrantes, por la normalización de condiciones laborales indignas y por recientes episodios de racismo que no son anomalías, sino síntomas estructurales de un modelo productivo profundamente desigual. Frente a la simplificación mediática y el borrado institucional, la instalación propone una escucha radical de aquello que normalmente se silencia.
Su singularidad reside, de manera decisiva, en quiénes participan y cómo participan. Las voces que componen esta cantata no son testimonios filtrados ni representaciones mediadas: son los propios jornaleros quienes, a través de grabaciones sonoras, relatan su día a día mediante sus ritmos de trabajo, sus miedos, sus estrategias de supervivencia y sus formas de resistencia cotidiana. El sonido se convierte así en documento, memoria y denuncia, pero también en forma estética, en composición colectiva, en canto político.
Desde el punto de vista artístico, Cantata antirracista del sur de Europa se inscribe en una tradición de fonografía social y militante, donde el sonido no es mero acompañamiento, sino materia crítica.
La obra transforma lo que habitualmente se percibe como ruido de fondo —el trabajo agrícola, el acento extranjero mayoritario, la voz subalterna— en centro de la experiencia estética.
En esta obra, escuchar se vuelve un acto político donde la consigna que subyace es la de "española o extranjera, somos una misma clase obrera".
Pero su valor no es únicamente contemporáneo o coyuntural. Esta instalación posee un alto valor patrimonial, en tanto registra y preserva una de las contradicciones fundamentales del capitalismo del siglo XXI: la tensión entre trabajo asalariado y capital en un contexto de globalización, racialización del trabajo y desposesión de derechos. Lo que aquí se archiva no es solo sonido, sino una estructura de explotación, una forma histórica de organizar la vida y el trabajo que define nuestro presente.
En el marco de la exposición Todo es común, la obra adquiere una potencia adicional. Frente a la apropiación privada de la tierra, del tiempo y de los cuerpos, Cantata antirracista del sur de Europa propone una reapropiación colectiva de la voz, de la memoria y del relato. No ofrece soluciones fáciles ni consuelos estéticos: exige atención, incomoda, obliga a posicionarse.
Por todo ello, esta instalación no solo merece ser defendida, sino reivindicada como una obra única, necesaria y urgente. Una pieza que demuestra que el arte contemporáneo puede y debe ser un espacio de conflicto, de escucha y de producción de verdad común.
(Sergio Sánchez)
Los nombres de los cuatro movimientos son:
1. Recitativo 7:50
2. Ritornellos 9:00
3. Sinfonía agrícola 6:30
4. Coro 3:40
Se puede escuchar también en el bandcamp de ambos artistas.
El siguiente QR remite al sello discográfico (República Ibérica Ruidista) de Sergio Sánchez, donde se puede escuchar la pieza en caso de no poder asistir a la exposición de la Sala Europa (Badajoz).
Cantata antirracista del Sur de Europa | Marcelo Expósito & Sergio Sánchez | Republica Iberica Ruidista
Texto descriptivo de la Cantata escrito por el curador Adonay Bermúdez para la exposición Todo es común: "La Cantata antirracista del Sur de Europa (2026) se plantea como una intervención crítica frente al racismo estructural y sus dinámicas contemporáneas. A partir del caso de Torre Pacheco (Murcia), donde tuvo lugar un episodio islamófobo en julio de 2025, la obra analiza cómo los neofascismos convierten sucesos de violencia aislados en dispositivos de odio masivo mediante bulos y narrativas falsas, desplazando los conflictos sistémicos derivados de las crisis de nuestro tiempo hacia la construcción de un falso enemigo funcional. La cantata no se limita a denunciar, sino que construye un dispositivo contrahegemónico basado en la escucha. Está compuesta por una polifonía de voces y sonidos ambientales grabados en zonas de trabajo agrícola en la región de Murcia, incorporando lecturas fragmentarias de documentos como el informe sobre la situación de las jornaleras de Huelva elaborado colaborativamente en 2021 por la Brigada de Observación Feminista —tres de cuyas integrantes participan en esta obra: Pastora Filigrana, Marta Malo y Justa Montero—. La obra se inscribe en una genealogía de luchas feministas, antirracistas y campesinas, proponiendo una noción de lo común que desafía el imaginario supremacista. Su carácter polivalente —expositivo, documental, radiofónico y digital— refuerza su función como herramienta cultural de resistencia sensible, donde la escucha se convierte en un acto ético y político. La obra defiende el territorio no solo como un espacio productivo, sino también como un lugar de interdependencia, convivencia, memoria, solidaridad y resistencia".
Fragmentos del Informe jurídico sobre la situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva, elaborado en 2021 por Pastora Filigrana García, Begoña Lalana Alonso, Carolina Martínez Moreno y Teresa Ramos Antuñano para la Brigada de Observación Feminista. Leídos en la Cantata por Pastora Filigrana, Marta Malo y Justa Montero:
Las personas que se encuentran en España en situación no regularizada, y en especial las mujeres, están aún más expuestas a abusos, extorsiones, coacciones y amenazas, así como dificultades para acceder a la tutela administrativa y judicial, incluso frente a conductas que podrían constituir ilícitos penales.
La discriminación por razón de género es evidente al ser un sector feminizado y precarizado en donde se producen situaciones flagrantes de vulneración de derechos, tanto laborales, de asistencia y prestación sanitaria, de dignidad personal e integridad física y moral, de servicios mínimos y habitabilidad en relación a los alojamientos o asentamientos, de vulneración a los servicios públicos y de respuesta de las administraciones.
A esta discriminación inicial se suma una práctica generalizada de trato desigual por razón de opinión y de ejercicio del derecho a la libertad de expresión y represalia por ejercer protestas o denuncias.
Se han recopilado muchos casos de acoso sexual o por razón de sexo que supone el iceberg de la suspensión de derechos y garantías en el que se encuentran las trabajadoras de los campos de la fresa.
Se nos han relatado conductas verbales consistentes en invitaciones o presiones para concertar citas o encuentros sexuales o bien en su modalidad de chantaje, peticiones o demandas de favores sexuales relacionadas con la mejora de las condiciones de trabajo o la conservación del puesto de trabajo.
Hemos recogido testimonios de ofrecimientos de empadronamiento o contratos de trabajo, según la necesidad de la destinataria, a cambio de sexo. Estas ofertas se hacen en ocasiones visitando a la trabajadora en su vivienda del asentamiento, lo que refuerza la intimidación.
En los asentamientos denominados irregulares, se encuentran centenares de personas que trabajan diariamente en la temporada de frutos rojos, al no existir ningún alojamiento facilitado por las administraciones.
Se trata de conglomerados de varios cientos de chabolas construidas con palets, cartón, plástico y mantas.
No existe sistema general eléctrico ni de aguas, lo cual obliga a los residentes a recoger el agua en bidones en las fuentes más cercanas y a instalar sus propios paneles solares cuando tienen la posibilidad.
Se encuentran al lado de los campos y, al no haber sistema de retirada de residuos de manera integral, junto a ellos pueden verse vertederos.
Todo ello genera unas condiciones de alta insalubridad e inseguridad a pesar de los evidentes esfuerzos de sus habitantes por mantenerlos limpios y confortables.
Las jornaleras han relatado con gran dolor a las autoridades, periodistas o brigadistas experiencias y sufrimientos terribles, sometiéndose así a una victimización secundaria.
Discriminación en la selección de origen.
Incumplimientos en materia laboral.
Incumplimiento en materia de prevención de riesgos laborales.
Vulneraciones de derechos fundamentales.
Discriminación por razón de sexo y acoso sexual.
Indicios de trata laboral.
Ausencia de dispositivos para el asesoramiento de derechos.
Insuficientes actuaciones de la Inspección Laboral.
Insuficientes actuaciones judiciales.
PRENSA:
"La muestra 'Todo es común', que desde este jueves 20 de enero (2026) y hasta el próximo 21 de junio (2026) podrá verse en la Sala Europa de Badajoz, propone una reflexión sobre el paisaje agrícola como espacio donde se entrecruzan prácticas, memorias y tensiones políticas que exceden su condición material. Esta exposición, conformada por obras de dieciséis artistas internacionales, presenta un paisaje rural no solo como resultado de la interacción entre ser humano y naturaleza, sino como un ámbito vivido que configura modos de habitar. La exposición gira en torno a la noción de habitar entendida como cuidado y pertenencia con la tierra y permite leer la agricultura como una práctica fundacional, capaz de producir no solo alimentos, sino también vínculos culturales y estructuras simbólicas ofreciendo un paisaje agrícola como un territorio donde se cruzan memoria, trabajo, conflicto y formas de vida para comprender el presente.
La muestra está conformada con préstamos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, CA2M, Meiac y La Société Ciné Tamaris, cuenta con trabajos de Adrián Balseca, Luna Bengoechea, Gabriela Bettini, Marcelo Expósito, José Iglesias García-Arenal, Regina José Galindo, Cristina García Rodero, Abel Jaramillo, Voluspa Jarpa, Asunción Molinos Gordo, Nuno Nunes-Ferreira, Godofredo Ortega Muñoz, Miguel Palma, Karin Sander y Agnès Varda, quienes, a través de sus obras, presentan distintos modos de relacionarse con la tierra, desde perspectivas que abordan la vida rural como una construcción social hasta aproximaciones que analizan cómo los territorios agrícolas han cambiado bajo nuevas formas de gestión, planificación o explotación. 'Todo es común' pone el foco en la tensión entre un campo convertido a veces en superficie funcional, marcado por decisiones externas, mercados globales o dinámicas de control, y prácticas que sobreviven como espacios de resistencia y cuidado.
La muestra destaca cómo, pese a los procesos de transformación o pérdida de autonomía, el paisaje agrícola sigue siendo un lugar donde perviven vínculos comunitarios, conocimientos heredados y formas de habitar que desafían la uniformidad contemporánea. 'Todo es común' recupera una antigua proclama campesina, 'Omnia sunt communia', para reivindicar que la tierra es, y ha sido históricamente, un espacio compartido. Desde esta idea, la exposición invita a pensar el paisaje agrícola como un territorio en disputa, pero también como un escenario de solidaridad, sostenibilidad y vida colectiva, proponiendo así una mirada renovada sobre el campo, entendiendo que, en su complejidad, se encuentran claves fundamentales para imaginar futuros más justos y humanos.
Comisariada por Adonay Bermúdez, la muestra propone mirar el campo más allá de su imagen tradicional, entendiendo que en él se concentran historias, relaciones humanas y transformaciones que afectan directamente a la sociedad".(Crónica de Badajoz)
ARTISTAS: Marcelo Expósito es artista, investigador y figura clave del arte político contemporáneo en el Estado español. Su trabajo se sitúa en la intersección entre prácticas audiovisuales, pedagogía crítica y activismo, abordando de manera sostenida las relaciones entre cultura, poder, memoria histórica y movimientos sociales. Vinculado a las tradiciones del cine ensayístico, el pensamiento decolonial y las estéticas militantes, Expósito ha desarrollado una obra que no concibe el arte como objeto, sino como herramienta de intervención, capaz de producir conocimiento situado y de activar procesos colectivos de emancipación.
Sergio Sánchez, conocido artísticamente como Jazznoize, es un artista sonoro, músico experimental y fonografista nacido en Murcia (España) cuya trayectoria se desarrolla desde el año 2000 en torno a la experimentación sonora y la investigación del sonido en entornos sociales. Su obra abarca la música concreta, la electroacústica, el noise, los soundscapes y la fonografía más militante, entendiendo la manipulación sonora como forma de lucha conceptual contra las jerarquías artísticas tradicionales y como herramienta para capturar y reconfigurar realidades acústicas históricas. Diplomado en patrimonio sonoro y audiovisual por el ILCE (Instituto Latinoamericano de la Comunidad Educativa) y la Fonoteca de México, preside la Asociación Intonarumori para la difusión del arte sonoro y la música experimental en la Región de Murcia, gestiona el sello República Ibérica Ruidista y el proyecto fonográfico Sonar Históricamente, y ha publicado y presentado sus trabajos en numerosos sellos, festivales, centros culturales y programas de radio tanto en España como internacionalmente.