22.3.26

Deriva reaccionaria y captura ideológica del rap en España


No es que el rap haya sido “corrompido” desde fuera; es que el sistema capitalista ha aprendido a hablar su idioma.

Hay algo profundamente sintomático, y por tanto preocupante, en la mutación reciente de ciertos sectores del rap español o más bien de los llamados géneros urbanos. No se trata simplemente de una deriva estética, ni de un relevo generacional que sustituye códigos antiguos por nuevos lenguajes. Lo que está en juego es una reconfiguración ideológica más amplia: la progresiva colonización de una cultura históricamente insurgente, pacifista y anticapitalista, por las lógicas del capital tardío y, en su fase más grotesca, por los discursos de la ultraderecha vendepatrias y lamebotas de Washington. Como si el viejo imperativo del “fight the power” hubiera sido reprogramado, sin resistencia aparente, hacia un cínico “fit the power”: adaptarse, encajar, monetizar.

Habría que reflexionar y realizar también autocrítica sobre los motivos de este cambio o ruptura que no debería ser achacado única y exclusivamente al bombardeo de propaganda en las redes sociales que más consumen los jóvenes en la actualidad. 

Durante años (y esto conviene subrayarlo para evitar cualquier tentación de sorpresa moralista) el rap ha sido un terreno atravesado por tensiones internas que desbordan cualquier lectura ingenua de su potencial emancipador. No hay edad de oro incontaminada, ningún momento originario completamente a salvo de la infiltración de discursos reaccionarios. Desde sus primeras fases de institucionalización, ciertas corrientes del rap han vehiculado imaginarios profundamente machistas, consumistas o, en el mejor de los casos, encapsulados en un narcisismo estéril. No como anomalía, sino como síntoma: el capitalismo cultural no tolera espacios puros; todo lo convierte en superficie de inscripción para sus propias contradicciones. Y siempre, siempre fagocita todo lo bueno que genera la humanidad para vomitarlo como su reverso. 

Ya en Estados Unidos, epicentro mitológico de la cultura hip hop, podían detectarse estas fisuras. La coexistencia entre la conciencia política de figuras como Queen Latifah y la obscenidad deliberadamente provocadora de 2 Live Crew no era simplemente una cuestión de estilos divergentes, sino la manifestación de un campo cultural en disputa. Incluso propuestas como B.W.A. (que pretendían apropiarse de un lenguaje de liberación femenina a través de la venta de su cuerpo a cambio de dólares) evidenciaban hasta qué punto los marcos emancipatorios podían ser rápidamente reconfigurados bajo la lógica del mercado, donde la “liberación” se convierte en otro nicho de consumo, desprovisto de su dimensión estructural.

Lo que ocurre en España no es, por tanto, una desviación exótica, sino una intensificación tardía de estas mismas dinámicas bajo condiciones específicas. Aquí, la deriva no se presenta tanto como continuidad orgánica de una escena, sino como resultado de un oportunismo acelerado: una generación de rapsodas que no heredan una tradición crítica, sino que acceden directamente a su versión mercantilizada. El rap ya no es un proceso de politización, sino un atajo hacia la visibilidad y, potencialmente, hacia la acumulación económica. En este contexto, el discurso se ajusta no a una ética, sino a una oportunidad, y en el peor de los casos a una tribuna más para la difusión de mensajes de odio.

La figura del rapero-especulador fascinado por el dinero rápido, las criptomonedas, los paraísos fiscales de baja intensidad como Andorra, no es una caricatura, sino un arquetipo perfectamente coherente con el espíritu de época. No se trata simplemente de codicia individual, sino de la interiorización de un mandato sistémico: si el valor se mide exclusivamente en términos de capital, cualquier otro horizonte se vuelve irrelevante o, peor aún, incomprensible. El resultado es una subjetividad que ya no necesita justificar su alineamiento con posiciones reaccionarias; le basta con presentarlas como otra forma de “éxito”.

Es en este caldo de cultivo donde la deriva ideológica adquiere una dimensión explícitamente partidista. El desplazamiento hacia posiciones de extrema derecha no aparece como una ruptura traumática, sino como una extensión lógica de un imaginario previamente vaciado de contenido crítico. Cuando el “yo” competitivo sustituye al “nosotros” político, la transición hacia discursos que glorifican la jerarquía, el orden y la exclusión se vuelve casi imperceptible. No hay traición porque, en cierto sentido, ya no queda nada que traicionar. El "yoísmo" ha navegado entre rima y rima durante años en el rap internacional, y en España no nos libramos de esa plaga.

Lo inquietante no es solo que estos discursos existan, sino que encuentren una resonancia creciente en una audiencia igualmente atravesada por la precariedad y la despolitización. La cultura que en otro tiempo funcionó como espacio de articulación colectiva se convierte así en un espejo deformante donde la frustración social no se traduce en crítica estructural, sino en resentimiento canalizado hacia abajo o hacia los márgenes.

De este modo, lo que podría parecer una simple acumulación de “malas prácticas” (machismo, consumismo, oportunismo) se revela como parte de una constelación más amplia: la progresiva neutralización del potencial crítico del rap y su reintegración como vehículo de las formas más regresivas del presente. No es que el rap haya sido “corrompido” desde fuera; es que el sistema ha aprendido a hablar su idioma.

El hip hop, en su matriz originaria, fue una tecnología cultural de resistencia. No solo un género musical, sino una práctica de autodefensa simbólica frente a la violencia estructural: racismo, pobreza, marginalidad. Su legitimidad no provenía del mercado, sino de su capacidad para articular un “nosotros” contrahegemónico. En ese sentido, el rap no era simplemente un vehículo de expresión individual, sino una forma de conciencia colectiva. Lo que hoy presenciamos en ciertos exponentes del panorama español es la inversión de ese principio: el “yo” hipertrofiado sustituye al “nosotros”, y la lógica del antagonismo se disuelve en la celebración acrítica del éxito individual, incluso cuando este se alinea con discursos que históricamente habrían sido objeto de denuncia.

La figura del “pseudo rapero” reaccionario emerge precisamente en este punto de fractura. No se trata de una anomalía externa al sistema cultural, sino de un producto coherente del mismo. El capitalismo contemporáneo no destruye las culturas disidentes; las absorbe, las vacía y las reinyecta como mercancía. En ese proceso, la estética del rap (su lenguaje, su gestualidad, su imaginario) se separa de su contenido político original y queda disponible para ser reutilizada con fines completamente opuestos. El resultado es una especie de simulacro: una forma que recuerda al rap, pero que ha sido desprovista de su dimensión crítica.

Es aquí donde la retórica reaccionaria encuentra un vehículo inesperadamente eficaz. El discurso ultraderechista, que tradicionalmente carecía de una estética juvenil convincente, logra infiltrarse en estos nuevos espacios culturales mediante una estrategia de camuflaje: se presenta como transgresión, como irreverencia frente a lo “políticamente correcto”. 

Pero esta supuesta rebeldía es, en realidad, profundamente conservadora. No desafía las estructuras de poder; las refuerza. No cuestiona el capitalismo; lo celebra en su versión más descarnada. El éxito económico, la ostentación y la jerarquía social no son ya objeto de crítica, sino de glorificación.


Lo más perturbador de este fenómeno no es su existencia, sino su normalización. La lógica algorítmica de las plataformas digitales amplifica estos discursos no porque sean marginales, sino precisamente porque generan fricción y polémica. El conflicto se convierte en contenido; la ideología, en espectáculo. En este contexto, la provocación reaccionaria no es un accidente, sino una estrategia perfectamente funcional dentro de la economía de la atención.

Podríamos interpretar esta deriva como un síntoma de lo que Mark Fisher denominó “realismo capitalista”: la incapacidad de imaginar alternativas al sistema vigente. Si el capitalismo se percibe como el único horizonte posible, incluso las culturas que nacieron para resistirlo y combatirlo, acaban reconfigurándose para operar dentro de sus límites. El rap deja de ser una herramienta de crítica social para convertirse en un vehículo de integración simbólica: una forma de decir “yo también puedo ganar”, aunque el precio sea la renuncia a cualquier forma de solidaridad o conciencia colectiva. Aunque el precio sea el de traicionar a los de su clase social. 

La apropiación del rap por discursos racistas y ultraderechistas introduce, además, una paradoja especialmente perversa. Un género nacido de la experiencia de descendientes de africanos y migrante es reutilizado para vehicular mensajes que atacan precisamente a esos mismos sujetos. Esta inversión no es simplemente irónica; es estructural. Revela hasta qué punto el capitalismo cultural es capaz de neutralizar incluso las formas de resistencia más arraigadas, convirtiéndolas en instrumentos de su propia reproducción ideológica.

La incultura de ciertos personajes con sus propuestas xenófobas atacan la cultura africana y latinoamericana, que son las creadoras de esa misma cultura. 


Sin embargo, sería un error reducir este fenómeno a una simple “traición” individual de ciertos artistas, por llamarlos de alguna manera. La cuestión es más compleja y, por tanto, más incómoda. Lo que está en juego es la transformación del campo cultural en su conjunto: la precarización de las escenas locales, la dependencia de las plataformas digitales, la desaparición de espacios comunitarios que funcionaban como filtros y contrapesos. En ausencia de estos ecosistemas, el mercado se convierte en el único árbitro de legitimidad, y lo que triunfa no es necesariamente lo más crítico, sino lo más rentable. Y desafortunadamente los chavales de los suburbios, hijos y nietos de la clase obrera que son arrojados al mundo lumpen, en vez de criticar al "pijo" lo ensalzan porque desean formar parte de su club. 

Frente a este panorama, la pregunta no es tanto cómo “rescatar” el rap de esta deriva, sino si es posible reactivar su potencial crítico en las condiciones actuales. Tal vez la clave no esté en una nostalgia por un pasado idealizado, sino en la reconstrucción de espacios colectivos que permitan rearticular el vínculo entre cultura y política. Porque, en última instancia, lo que está en disputa no es un género musical, sino la capacidad misma de imaginar formas de vida que no estén subordinadas al capitalismo y sus expresiones más autoritarias bajo el dominio de las burguesías monopolistas. 

Si el rap se convierte en propaganda del poder, deja de ser rap en el sentido político que le dio origen. Se convierte en otra cosa: un eco vacío, perfectamente integrado en el ruido de fondo del sistema. Y quizá lo más inquietante de todo es que ese ruido ya no nos resulta extraño.

20.2.26

Jeff Mills. Ritual, ruido y ecos de la Liquid Room



Treinta años después de aquella sesión en la Liquid Room que ayudó a fijar el canon global del techno como liturgia futurista, Jeff Mills recaló en la Discoteca Metro de Bigastro como quien vuelve a un templo que ya no es el mismo. La gira conmemorativa del 30 aniversario no es un ejercicio de nostalgia: es un espejo incómodo. Frente a la memoria de un techno que se escuchaba como quien asiste a una ceremonia (atención, riesgo, pedagogía implícita), hoy el DJ es tótem, frontman y pantocrátor visual. Estrella de rock en cabina, gurú circense para una masa que baila en torno a su ubicación exacta, no tanto en torno a la música.

La noche en Metro comenzó con la proyección del documental que revisita aquella gesta japonesa de los 90: contexto, entresijos, opiniones, camaradería. Mientras en pantalla se evocaba el rigor y la ética de la escena, el público (que había entrado en tromba tras la apertura) corría hacia las vallas colocadas frente al proyector, pantalla que, paradójicamente, ocultaba la cabina. La escena remitía más a un concierto de Taylor Swift o a un showcase de K-pop que a una sesión de techno histórico: la carrera no era por escuchar mejor, sino por “pillar sitio”. El respeto por lo que contaban Mills y sus compañeros (la cultura techno en Japón, la disciplina, la construcción del relato sonoro) importó poco a una mayoría que berreaba cada vez que el protagonista tomaba la palabra, pidiendo “caña” como quien golpea la barra de un bar de madrugada. Entre charla y charla, la música subía de volumen como concesión pragmática al ansia.

Cuando sonó “The Bells” (himno inoxidable y arma de doble filo en la mitología millsiana) el griterío confirmó la sospecha: el fetiche sustituye al archivo. Pocos parecían interesados en la cartografía completa del productor de Detroit; la discografía extensa, los experimentos, la arquitectura rítmica más allá del greatest hit. Una pena: el legado de Mills es método, no eslogan. Pero no todo el mundo era así. Una buena parte del público se acercó para conocer de primera mano si era verdad todo lo escrito durante años sobre este DJ arriesgado y perfeccionista.

Y, sin embargo, cuando el documental dio paso a la acción, el maestro se impuso con la autoridad del oficio. Dos sesiones separadas por su lugarteniente en la gira, Norbak, que funcionó como bisagra generacional. A los platos (vinilo y también reproductores CD Pioneer), Mills exhibió concentración quirúrgica, economía gestual y una ética del trabajo que no entiende de edades. Con más de 60 años, conserva la actitud underground: disciplina, entrega y una pasión que, aunque menos volcánica que hace tres décadas, gana en paciencia.

El arranque dialogó con el espíritu de Waveform Transmission Vol. 1 y las primeras coordenadas de Purpose Maker: loops afilados, tensión sostenida, una narrativa que rehúye el subidón fácil. En la segunda sesión, el encadenamiento a dos pistas de la introducción de “Strings of Life (del pionero Derrick May) fue un guiño de alta escuela: no tanto un homenaje explícito como una lección de continuidad histórica. El final, un derroche de punk bombo-beats, recordó que el techno nació como fricción y no como fondo de pantalla.

Entre 1995 y 2026 ha cambiado el paradigma de escucha. Las cabinas se han teatralizado; el DJ ocupa el centro visual incluso cuando la sala no lo requiere; la pista orbita la figura. Pero en Metro quedó claro que, más allá del ruido y la ansiedad por el clímax, el techno sigue siendo una práctica de resistencia estética cuando lo sostiene alguien que entiende su gramática. Mills no vino a complacer: vino a recordar. Y en esa tensión (entre la memoria de Liquid Room y la coreografía contemporánea del espectáculo) se jugó la verdad de la noche. Después siguió nuevamente Norbak que acabó con "Jaguar" de Aztec Mystic. Broche perfecto y tributo a la ciudad que vio nacer el techno, Detroit. La organización de Metro, de diez. 

17.2.26

DJ Acid Marx. Dialéctica 4/4



DIALÉCTICA 4/4



LISTADO DE TEMAS

  1. C´hantal – The Realm (Acapella) [Powertraxx Records] 1990

  2. Aphex Twin – On [Warp Records] 1993

  3. Basic Channel - Q1.1/I [Basic Channel] 1993

  4. Red Kite – Esc [Pan y Rosas Discos] 2017

  5. Polygon Window – Polygon Window [Warp Records] 1993

  6. 3 Phase + Dr. Motte – Der Klang Dee Familie [Tresor] 1992

  7. Holy Ghost – Hand of God [Tresor] 1997

  8. Maurizio – Domina [Basic Channel] 1993

  9. Drexciya – Andreaen Sand Dunes [Tresor] 1999

  10. T99 – Anasthasia [Who´s That Beat] 1991

  11. Pacou – T4 [Tresor] 1997

  12. Joey Beltram – Ten Four [Tresor] 1995

  13. Joey Beltram – Ball Park [Tresor] 1998

  14. Claro Intelecto – Mono [Ai Records] 2008

  15. Jeff Mills – DNA [Tresor] 1993

  16. Damon Wild – Avion [Synewave] 1996

  17. Afrika Bambaataa & Soulsonic Force – Planet Rock (In The Pocket Mix) [Tommy Boy] 1992

  18. Afriqua – Aleph – [R&S Records] 2017

  19. Arj Snoek – I Can People Know [Ladomat 200] 1997

  20. Armand Van Helden – Funk Phenomena [ZYX Music] 1997

  21. Bas Ibellini – That´s Right [Tuskegee Music] 2014

  22. Basement Jaxx – Fly Life [Rotate Records] 1997

  23. Adamski + Robert Owens – Black Butterfly (Mr C Remix) [Million Women Rise] 2022

  24. Adamski + Robert Owens – Black Butterfly [Million Women Rise] 2022

  25. Red Kite – Blu [Republica Iberica Ruidista] 2026


"A raíz de la invocación de Sampleopolis para enviarles una sesión, idee un viaje sonoro que partiera desde el inicio de una voz acapella, la de C´hantal sus palabras suspendidas en el vacío como si la pista de baile respirara antes de comenzar sus primeros latidos, dejando que las sílabas flotaran entre el deseo de los oyentes por iniciar un ritual a través de los bombos. Todo ello mediante improvisación con una de las cientos de carpetas que albergo en los discos duros.

A continuación el Mozart del techno y la que para mí fue la primera obra maestra del techno melancólico, entre el el funk industrial y la música de cámara. Porque con el bombo roto, comienza la expectativa. Richard D. James inicia el viaje, el que abre la primera grieta en el aire, que se infiltran en un motor invisible encendido bajo las suelas de nuestras botas.

De ahí pasé a la arquitectura en acero alemán pero con la materia prima importada de Jamaica, Me refiero al futurismo determinante de Basic Channel, puro dub techno, síntesis de teoría materialista del sonido: repetición, variación mínima, ecos vitales y mucha profundidad. Ideal para comenzar a tensar la sesión mediante los habituales delays entrelazados con los residuos melódicos de Aphex Twin.

En ese momento la pista virtual de nuestras mentes ya no es una pista, es una infraestructura. Adornado con un tema de mi proyecto ambient drone llamado Red Kite, aplicando dosis de ambient contemporáneo de texturas ásperas, glitches microscópicos y mucho sonido grave. De ahí pasé al espejo warpiano, ese sello que durante sus primeros años se convirtió (a base de referencias vanguardistas) en marca de calidad. Polygon Window, una de las muchas caras del genial Richard D. James, nos inocula ritmos quebrados, de IDM proto salvaje con filos cortantes de sonidos ácidos. Es ahora cuando todo se convierte en un laboratorio del sonido. El gemelo de Aphex con su proyecto tal vez más venerado junto al de AFX.

El siguiente paso era complicado. ¿Hacia dónde navegar tras embarcar en el puerto de Richard? Pues hacia Alemania, a Berlín y el resto de ciudades cumbre del germen ultra radical del techno en estado puro. La mejor zona europea que entendió a la perfección la ideología subversiva del techno que llegaba de Detroit.

3 Phase con Dr. Motte en estado de gracia nos alimentó con un himno bestial que se convertiría años después en título de ensayo para la explicación de toda una generación al servicio del ritmo sintético y dionisiaco.

Y a la cabeza de todos, como faro de contundencia, la familia del sello/discoteca Tresor. Nada más que decir, o sí. Aquí ya el bombo deja de ser pura insinuación sino en declaración institucional de precisión quirúrgica.

Tras la densidad cavernaria del modo trance y químico de Der Klang Der Familie, aparece la liturgia minimal y asilvestrada de los británicos Holy Ghost con uno de los temas más contundentes y abrasivos de la segunda mitad de los año noventa. Y justo después, llega un icono de la investigación sonora, Maurizio, donde doy rienda suelta al jugueteo con el ritmo y el scratch.

Caminando por un centro gravitarorio donde la repetición hipnótica y los bajos capaces de derrumbar columnas dóricas, sostienen la sesión, cada vez más oscura y agresiva. Para, desde las profundidades de una fosa abisal, emerger mis queridos Drexciya, oxigenando un poco este viaje estético tecnoide, aportando algo de ciencia ficción y rítmica electro-elástica.

Como guiño al sonido rave belga de su época de explendor suena de relleno un clásico de aquel sudoroso estilo, Anasthasia de T99. Pero no entra en ningún momento, sino que se queda con la triada tresoriana de Pacou y el gran Joey Beltram (por partida doble). Aquí el acero se vuelve incandescente.

Obviamente no busqué un climax fácil, sino una construcción mesetaria de intensidad sostenida, deleuziana y machacante en clave 4/4. Pero antes de llegar a la obra monumental de Jeff Mills cuando era muy enérgico, me regodeo con uno de los productores más creativos y perspicaces de la escena británica de lo que llevamos de siglo, me refiero a Mark Stewart con su proyecto Claro Intelecto, creador de joyas como Mono.

Después, únicamente podría replicar el maestro Mills con uno de sus maravillas compuestas para el primer volumen de Waveform Transmission. Hito del techno. ADN techno. Hit hats como metralla precisa y certera, golpeando a base de velocidad y ritmo científico.

Una de mis canciones favoritas de es Avion de Damon Wild, que por cierto, aparece en el tracklist de la mítica sesión de Jeff Mills (publicada en CD) en el Liquid Room de Tokyo en 1995. Tema increíble para realizar un viaje nocturno sobre una ciudad sin semáforos.

La propulsión de las mezclas y la selección de canciones de forma aleatoria me llevó al pionero Afrika Bambaataa con la que para servidor es la mejor versión o remezcla del mítico Planet Rock. Entra el pasado ochentero, pero no como nostalgia, sino como fundamento, como piedra angular del electro primigenio donde Kraftwerk viajaron en clase turista directamente al Bronx de Nueva York.

Sirviendo de transición a sonidos bailables más cómodos, que no facilones, con otras formas de entender el baile. Llega el house cerebral de Afriqua, el "jitazo" (de mi época) de Arj Snoek (menudo chaval tan creativo) y la bestia parda del groove más "funkosso" Armand Van Helden, y uno de los temas más importantes de la segunda parte de los años 90.

La sonrisa también debe entrar en las pistas. No todo debe ser concentración y actitud guerrillera. La comunión rítmica tiene otros matices, como la que siembre idearon Basement Jaxx, y más tarde en clave latina Bas Ibellini. Hasta llegar al último tema bailable (sin contar el epílogo experimental y ambient) que sí fue elegido a conciencia. Me refiero a la mejor canción (en mi opinión) de lo que llevamos de década.

Finura, insinuación, crítica social, y simbiosis perfecta entre hedonismo sonoro y canción protesta. Me refiero al imprescindible y pionero en muchas cosas Adamski, que regaló para una asociación de mujeres en lucha contra el patriarcado y la violencia una maravilla con remezclas de personajes importantes de la cultura de club británica como Mr. C (The Shamen), y con la voz de mi adorado Robert Owens, que da forma a la letra que homenajea a dos mujeres asesinadas en el Reino Unido en un aúrea de racismo policial.

Dos versiones del mismo tema que dejan paso de forma progresiva a unos instantes de un inédito mío de texturas abrasivas, síntesis modular que mira a los padres del ambient sin pedir legitimidad, en ese mundo donde el ruido se vuelve atmósfera y, finalmente, silencio.

Así finaliza esta sesión o muestra materialista sobre el ritmo, improvisada totalmente, pero que tras una primera escucha, se confoma un recorrido nostálgico desde una perspectiva dialéctica sonora. Articulando historia a través de una travesía por Detroit, Berlín y Chicago, como tesis de un tipo de música que durante años fue insurgente".

(Sergio Sánchez aka DJ Acid Marx)


BIO:

Activo como DJ desde 1997, Sergio Sánchez ha desarrollado una evolución constante bajo distintos alias:

  • DJ Zyrtec (1997–2008)

  • DJ Pequeñoburgués (2008–2024)

  • DJ Acid Marx (desde 2024)

Pionero de la escena electrónica en Murcia durante la segunda mitad de los años noventa, fue miembro del Colectivo Mojito, colectivo de DJs responsable de míticas fiestas underground en la tienda Música René, consideradas germen de las primeras celebraciones electrónicas sistemáticas en la ciudad.

DJ Acid Marx entiende la pista como espacio político y sensorial.
Su trabajo articula memoria rave, crítica cultural y experimentación sonora.

No pincha canciones.
Organiza levantamientos rítmicos.

Y sus sesiones suenan como si Ralf Hütter y Florian Schneider fueran panteras negras con una AK-47 entre las manos y atracaran bancos. Como si Underground Resistance ganaran las elecciones norteamericanas. Como si Juan Atkins obtuviera el Nobel. Como si Drexciya fueran inmortales. Como si en tu entierro sonara Inner City Life de Goldie. Como si Larry Heard se hiciera marxista. Como si DJ Premier pinchara acid. Como si D.A.F. fueran secretarios generales de la ONU. Como si Jeff Mills mezclara canciones de Eric B. & Rakim.

Su imaginario combina techno de detroit techno, acid house electro, EBM, hip hop y experimentación radical, atravesados por una pulsión política y una estética insurrecta. Cada sesión es una hipótesis sonora: baile y manifiesto.

En su dimensión más experimental, Sergio Sánchez es artista sonoro y músico experimental de reconocimiento internacional. Como miembro y comisario de la Asociación de arte sonoro Intonarumori, ha desarrollado el concepto de Cabina Experimental, donde la cabina de DJ se convierte en laboratorio de investigación abstracta: ruido, repetición, interferencia y deconstrucción del beat. Su proyecto paralelo Needle In Pain explora la manipulación extrema de vinilos mediante técnicas expandida de tocadiscos: fricción, ralentización física, presión sobre la aguja y sabotaje controlado del soporte.

Music | DJ Acid Marx

https://djacidmarx.bandcamp.com/ 




4.2.26

Cantata antirracista del Sur de Europa [Instalación sonora]



En la exposición comisariada por Adonay Bermúdez para la Sala Europa de la Junta de Extremadura en la ciudad de Badajoz, Todo es común, Marcelo Expósito y Sergio Sánchez (quien les escribe) hemos entregado la aportación sonora, en forma de instalación, creada ex profeso para la muestra, mediante una Cantata dividida en cuatro partes o movimientos. Ya fue en verano de 2025 cuando el gran artista Marcelo Expósito se puso en contacto conmigo para colaborar en una propuesta para una exposición dedicada al arte y la naturaleza, al mundo de la agricultura y el campesinado. Y la alternativa era entregar algo nuevo y rompedor o seguir los caminos trazados por la inercia mayoritaria en el mundo expositivo. Optamos por una obra nueva utilizando el lenguaje minoritario y arriesgado del arte sonoro.

Y finalmente lo que iba a ser una pieza sonora de seis minutos terminó convirtiéndose en algo más grande y profundo, condensando las más de 10 horas de grabación en veintisiete minutos y treinta segundos. Varios días de desplazamiento desde mi pueblo, Cabezo de Torres hasta la zona del Campo de Cartagena, para las grabaciones, supusieron un trabajo de campo necesario para comprender y asimilar las condiciones laborales y de vida de un sector de nuestra sociedad, que genera mucha riqueza pero que está marginada por un sector minoritario que engorda generando odio y confrontación. 

Agradezco a quienes hicieron posible mi estancia en esos lugares, tratándome como uno de ellos, a pesar del recelo inicial. Tal vez ser hijo de obreros y nieto de jornaleros de origen muy humilde consiguió que durante la mayor parte del proceso de grabación que hice, las personas trabajadoras del campo se mostraran como eran realmente. Lo que da un valor añadido al resultado de la pieza sonora. 
Sobre la primera parte y última de la Cantata, solo decir que la diligencia, concreción y ahondamiento en los motivos de los procesos de agitación fascista-racista contra la inmigración, desde una perspectiva histórica y social, tanto en la zona de Torre-Pacheco como en los campos de recogida de la fresa en la provincia de Huelva, que ha realizado Marcelo, ha sido excepcional, conformándose una obra sonora con un cuerpo estético y social muy profundo. 



Cantata antirracista del sur de Europa es una instalación sonora excepcional tanto por el territorio que interpela como por el modo en que lo hace. No se trata de una obra que hable sobre una realidad social desde la distancia, sino de una pieza que emerge desde dentro de ella, construida a partir de las voces, los cuerpos y las experiencias de quienes sostienen, en condiciones de extrema precariedad, uno de los pilares invisibles de la economía agroindustrial del sur de Europa.

La obra se sitúa en el contexto concreto de los campos de agricultura intensiva de Torre Pacheco y el Campo de Cartagena, un territorio marcado por la sobreexplotación sistemática de jornaleros migrantes, por la normalización de condiciones laborales indignas y por recientes episodios de racismo que no son anomalías, sino síntomas estructurales de un modelo productivo profundamente desigual. Frente a la simplificación mediática y el borrado institucional, la instalación propone una escucha radical de aquello que normalmente se silencia.

Su singularidad reside, de manera decisiva, en quiénes participan y cómo participan. Las voces que componen esta cantata no son testimonios filtrados ni representaciones mediadas: son los propios jornaleros quienes, a través de grabaciones sonoras, relatan su día a día mediante sus ritmos de trabajo, sus miedos, sus estrategias de supervivencia y sus formas de resistencia cotidiana. El sonido se convierte así en documento, memoria y denuncia, pero también en forma estética, en composición colectiva, en canto político.

Desde el punto de vista artístico, Cantata antirracista del sur de Europa se inscribe en una tradición de fonografía social y militante, donde el sonido no es mero acompañamiento, sino materia crítica. 

La obra transforma lo que habitualmente se percibe como ruido de fondo —el trabajo agrícola, el acento extranjero mayoritario, la voz subalterna— en centro de la experiencia estética

En esta obra, escuchar se vuelve un acto político donde la consigna que subyace es la de "española o extranjera, somos una misma clase obrera". 

Pero su valor no es únicamente contemporáneo o coyuntural. Esta instalación posee un alto valor patrimonial, en tanto registra y preserva una de las contradicciones fundamentales del capitalismo del siglo XXI: la tensión entre trabajo asalariado y capital en un contexto de globalización, racialización del trabajo y desposesión de derechos. Lo que aquí se archiva no es solo sonido, sino una estructura de explotación, una forma histórica de organizar la vida y el trabajo que define nuestro presente.

En el marco de la exposición Todo es común, la obra adquiere una potencia adicional. Frente a la apropiación privada de la tierra, del tiempo y de los cuerpos, Cantata antirracista del sur de Europa propone una reapropiación colectiva de la voz, de la memoria y del relato. No ofrece soluciones fáciles ni consuelos estéticos: exige atención, incomoda, obliga a posicionarse.

Por todo ello, esta instalación no solo merece ser defendida, sino reivindicada como una obra única, necesaria y urgente. Una pieza que demuestra que el arte contemporáneo puede y debe ser un espacio de conflicto, de escucha y de producción de verdad común.

(Sergio Sánchez)


Los nombres de los cuatro movimientos son:

1. Recitativo 7:50

2. Ritornellos 9:00

3. Sinfonía agrícola 6:30

4. Coro 3:40

Se puede escuchar también en el bandcamp de ambos artistas.

El siguiente QR remite al sello discográfico (República Ibérica Ruidista) de Sergio Sánchez, donde se puede escuchar la pieza en caso de no poder asistir a la exposición de la Sala Europa (Badajoz).

Cantata antirracista del Sur de Europa | Marcelo Expósito & Sergio Sánchez | Republica Iberica Ruidista

Texto descriptivo de la Cantata escrito por el curador Adonay Bermúdez para la exposición Todo es común: "La Cantata antirracista del Sur de Europa (2026) se plantea como una intervención crítica frente al racismo estructural y sus dinámicas contemporáneas. A partir del caso de Torre Pacheco (Murcia), donde tuvo lugar un episodio islamófobo en julio de 2025, la obra analiza cómo los neofascismos convierten sucesos de violencia aislados en dispositivos de odio masivo mediante bulos y narrativas falsas, desplazando los conflictos sistémicos derivados de las crisis de nuestro tiempo hacia la construcción de un falso enemigo funcional. La cantata no se limita a denunciar, sino que construye un dispositivo contrahegemónico basado en la escucha. Está compuesta por una polifonía de voces y sonidos ambientales grabados en zonas de trabajo agrícola en la región de Murcia, incorporando lecturas fragmentarias de documentos como el informe sobre la situación de las jornaleras de Huelva elaborado colaborativamente en 2021 por la Brigada de Observación Feminista —tres de cuyas integrantes participan en esta obra: Pastora Filigrana, Marta Malo y Justa Montero—. La obra se inscribe en una genealogía de luchas feministas, antirracistas y campesinas, proponiendo una noción de lo común que desafía el imaginario supremacista. Su carácter polivalente —expositivo, documental, radiofónico y digital— refuerza su función como herramienta cultural de resistencia sensible, donde la escucha se convierte en un acto ético y político. La obra defiende el territorio no solo como un espacio productivo, sino también como un lugar de interdependencia, convivencia, memoria, solidaridad y resistencia".

Fragmentos del Informe jurídico sobre la situación de las jornaleras en los campos de fresa de Huelva, elaborado en 2021 por Pastora Filigrana García, Begoña Lalana Alonso, Carolina Martínez Moreno y Teresa Ramos Antuñano para la Brigada de Observación Feminista. Leídos en la Cantata por Pastora Filigrana, Marta Malo y Justa Montero:

Las personas que se encuentran en España en situación no regularizada, y en especial las mujeres, están aún más expuestas a abusos, extorsiones, coacciones y amenazas, así como dificultades para acceder a la tutela administrativa y judicial, incluso frente a conductas que podrían constituir ilícitos penales.

La discriminación por razón de género es evidente al ser un sector feminizado y precarizado en donde se producen situaciones flagrantes de vulneración de derechos, tanto laborales, de asistencia y prestación sanitaria, de dignidad personal e integridad física y moral, de servicios mínimos y habitabilidad en relación a los alojamientos o asentamientos, de vulneración a los servicios públicos y de respuesta de las administraciones.

A esta discriminación inicial se suma una práctica generalizada de trato desigual por razón de opinión y de ejercicio del derecho a la libertad de expresión y represalia por ejercer protestas o denuncias.

Se han recopilado muchos casos de acoso sexual o por razón de sexo que supone el iceberg de la suspensión de derechos y garantías en el que se encuentran las trabajadoras de los campos de la fresa.

Se nos han relatado conductas verbales consistentes en invitaciones o presiones para concertar citas o encuentros sexuales o bien en su modalidad de chantaje, peticiones o demandas de favores sexuales relacionadas con la mejora de las condiciones de trabajo o la conservación del puesto de trabajo.

Hemos recogido testimonios de ofrecimientos de empadronamiento o contratos de trabajo, según la necesidad de la destinataria, a cambio de sexo. Estas ofertas se hacen en ocasiones visitando a la trabajadora en su vivienda del asentamiento, lo que refuerza la intimidación.

En los asentamientos denominados irregulares, se encuentran centenares de personas que trabajan diariamente en la temporada de frutos rojos, al no existir ningún alojamiento facilitado por las administraciones.

Se trata de conglomerados de varios cientos de chabolas construidas con palets, cartón, plástico y mantas.

No existe sistema general eléctrico ni de aguas, lo cual obliga a los residentes a recoger el agua en bidones en las fuentes más cercanas y a instalar sus propios paneles solares cuando tienen la posibilidad.

Se encuentran al lado de los campos y, al no haber sistema de retirada de residuos de manera integral, junto a ellos pueden verse vertederos.

Todo ello genera unas condiciones de alta insalubridad e inseguridad a pesar de los evidentes esfuerzos de sus habitantes por mantenerlos limpios y confortables.

Las jornaleras han relatado con gran dolor a las autoridades, periodistas o brigadistas experiencias y sufrimientos terribles, sometiéndose así a una victimización secundaria.

Discriminación en la selección de origen.
Incumplimientos en materia laboral.
Incumplimiento en materia de prevención de riesgos laborales.
Vulneraciones de derechos fundamentales.
Discriminación por razón de sexo y acoso sexual.
Indicios de trata laboral.
Ausencia de dispositivos para el asesoramiento de derechos.
Insuficientes actuaciones de la Inspección Laboral.
Insuficientes actuaciones judiciales.
 





PRENSA:

"La muestra 'Todo es común', que desde este jueves 20 de enero (2026) y hasta el próximo 21 de junio (2026) podrá verse en la Sala Europa de Badajoz, propone una reflexión sobre el paisaje agrícola como espacio donde se entrecruzan prácticas, memorias y tensiones políticas que exceden su condición material. Esta exposición, conformada por obras de dieciséis artistas internacionales, presenta un paisaje rural no solo como resultado de la interacción entre ser humano y naturaleza, sino como un ámbito vivido que configura modos de habitar. La exposición gira en torno a la noción de habitar entendida como cuidado y pertenencia con la tierra y permite leer la agricultura como una práctica fundacional, capaz de producir no solo alimentos, sino también vínculos culturales y estructuras simbólicas ofreciendo un paisaje agrícola como un territorio donde se cruzan memoria, trabajo, conflicto y formas de vida para comprender el presente. 

La muestra está conformada con préstamos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, CA2M, Meiac y La Société Ciné Tamaris, cuenta con trabajos de Adrián Balseca, Luna Bengoechea, Gabriela Bettini, Marcelo Expósito, José Iglesias García-Arenal, Regina José Galindo, Cristina García Rodero, Abel Jaramillo, Voluspa Jarpa, Asunción Molinos Gordo, Nuno Nunes-Ferreira, Godofredo Ortega Muñoz, Miguel Palma, Karin Sander y Agnès Varda, quienes, a través de sus obras, presentan distintos modos de relacionarse con la tierra, desde perspectivas que abordan la vida rural como una construcción social hasta aproximaciones que analizan cómo los territorios agrícolas han cambiado bajo nuevas formas de gestión, planificación o explotación. 'Todo es común' pone el foco en la tensión entre un campo convertido a veces en superficie funcional, marcado por decisiones externas, mercados globales o dinámicas de control, y prácticas que sobreviven como espacios de resistencia y cuidado.

La muestra destaca cómo, pese a los procesos de transformación o pérdida de autonomía, el paisaje agrícola sigue siendo un lugar donde perviven vínculos comunitarios, conocimientos heredados y formas de habitar que desafían la uniformidad contemporánea. 'Todo es común' recupera una antigua proclama campesina, 'Omnia sunt communia', para reivindicar que la tierra es, y ha sido históricamente, un espacio compartido. Desde esta idea, la exposición invita a pensar el paisaje agrícola como un territorio en disputa, pero también como un escenario de solidaridad, sostenibilidad y vida colectiva, proponiendo así una mirada renovada sobre el campo, entendiendo que, en su complejidad, se encuentran claves fundamentales para imaginar futuros más justos y humanos. 

Comisariada por Adonay Bermúdez, la muestra propone mirar el campo más allá de su imagen tradicional, entendiendo que en él se concentran historias, relaciones humanas y transformaciones que afectan directamente a la sociedad".(Crónica de Badajoz)

ARTISTASMarcelo Expósito es artista, investigador y figura clave del arte político contemporáneo en el Estado español. Su trabajo se sitúa en la intersección entre prácticas audiovisuales, pedagogía crítica y activismo, abordando de manera sostenida las relaciones entre cultura, poder, memoria histórica y movimientos sociales. Vinculado a las tradiciones del cine ensayístico, el pensamiento decolonial y las estéticas militantes, Expósito ha desarrollado una obra que no concibe el arte como objeto, sino como herramienta de intervención, capaz de producir conocimiento situado y de activar procesos colectivos de emancipación.

Sergio Sánchez, conocido artísticamente como Jazznoize, es un artista sonoro, músico experimental y fonografista nacido en Murcia (España) cuya trayectoria se desarrolla desde el año 2000 en torno a la experimentación sonora y la investigación del sonido en entornos sociales. Su obra abarca la música concreta, la electroacústica, el noise, los soundscapes y la fonografía más militante, entendiendo la manipulación sonora como forma de lucha conceptual contra las jerarquías artísticas tradicionales y como herramienta para capturar y reconfigurar realidades acústicas históricas. Diplomado en patrimonio sonoro y audiovisual por el ILCE (Instituto Latinoamericano de la Comunidad Educativa) y la Fonoteca de México, preside la Asociación Intonarumori para la difusión del arte sonoro y la música experimental en la Región de Murcia, gestiona el sello República Ibérica Ruidista y el proyecto fonográfico Sonar Históricamente, y ha publicado y presentado sus trabajos en numerosos sellos, festivales, centros culturales y programas de radio tanto en España como internacionalmente.

19.12.25

Hierogasmus: A. L. Guillén en FASME




Como bien dice el protagonista de esta reseña, continúa cierta tradición de A. L. Guillén de dar luz a registros en directo que aporten destrucción creativa de sus trabajos en estudio.

Éste, en concreto, recoge el "sparagmos espontáneo de múltiples fugas improvisadas y amalgamadas sobre el cuerpo rítmico geométrico de Pulse Emancipation", Gruppo Ungido dice , y edita. Desgarro operado en el primer FASME festival de la Asociación Intonarumori murciana (Larga vida!reclama el músico granaíno).






A continuación os dejo el texto que escribí para el lanzamiento (digital) de este disco que refleja a la perfección el (los) universos del guitarrista más indomable de España.

"Antonio Luis Guillén — FASME / Festival Intonarumori

Centro Párraga, Murcia, 24 septiembre de 2023

Hay noches en las que el sonido desborda su propia condición y se convierte en un cuerpo vivo, turbulento, ardiendo en su propia respiración eléctrica. La actuación de A.L. Guillén en la primera edición del Festival FASME (juevñes 24 en el Centro Párraga de Murcia), fue una de esas noches: un instante suspendido en el que la materia sonora parecía recordar su origen salvaje antes de que la domesticara la música.

Guillén entró en el espacio como quien introduce un mineral desconocido en un laboratorio: sin certezas, sin relato prefijado, confiando en que la vibración misma revelaría su arquitectura secreta. Su música —si aún cabe ese nombre cuando el sonido se emancipa, cuando rehúye la forma y se vuelve organismo— circulaba por el Espacio 0 como una criatura insurrecta. No buscaba agradar, ni ilustrar, ni justificar: buscaba existir.

En aquel directo, cada gesto era una grieta. Cada fricción, una declaración de guerra al silencio confortable. Cada acumulación de ruido, un manifiesto de presencia. Al mando de su guitarra construyó una topografía cambiante, pulsante, donde lo micro y lo colosal se rozaban sin jerarquías. Sonidos encontrados, objetos convertidos en prótesis tímbricas, texturas que parecían llegar desde un territorio que aún no ha sido cartografiado por la escucha occidental: todo ello formaba un paisaje que nacía y se deshacía a la vista, como si la improvisación fuera un animal que estuviera recién aprendiendo a caminar.

Lo que ocurrió aquella noche no fue una “pieza” ni un “tema”. Fue un viaje sin mapa. Un proceso. Una interrogación luminosa para cerrar la primera jornada de nuestro festival. Guillén trabajó el sonido como quien talla una roca volcánica: sin miedo a la aspereza, confiando en que el relámpago oculto en el interior se dejaría ver si se golpeaba en el ángulo preciso. El público —ese coro silencioso que respira a oscuras— asistió a una ceremonia donde la escucha se convirtió en responsabilidad y en riesgo. No había distancia: cada vibración tocaba directamente el cuerpo, y cada silencio abría un precipicio donde algo podía aparecer o desaparecer para siempre.

Este disco documenta aquella aparición irrepetible. No reproduce un concierto: lo invoca. No busca fijar; busca prolongar el temblor. En su interior late la insistencia de Guillén por hacer del sonido un acto de resistencia, por recordar que hay zonas del oído —políticas, emocionales, subterráneas— que solo se activan cuando el arte renuncia a sus ornamentos y se entrega al vértigo.

Quien escuche estas grabaciones no encontrará la comodidad de la forma cerrada. Encontrará, en cambio, un territorio de pulsaciones inciertas, un laboratorio en combustión, una apuesta radical por el presente. Aquí queda, registrada para quien quiera aventurarse, aquella noche murciana en la que el ruido se volvió memoria y la memoria, fuego.


La actuación de Antonio Luis Guillén en el Festival FASME (Intonarumori), en el Centro Párraga de Murcia, encendió un territorio sonoro donde la improvisación se volvió rito. En este registro late la intensidad de aquella noche: texturas indómitas, silencios tensos, estallidos eléctricos y una escucha que se despliega como un gesto de resistencia. Más que un concierto, fue un organismo en movimiento, un laboratorio vivo donde el sonido se liberó de la forma y reclamó su derecho a arder. Este disco no reconstruye: convoca. Y abre, de nuevo, ese espacio donde lo inestable respira".


Pinchad en la foto para escuchar, descargar o comprar dicho artefacto sonoro. 





9.9.25

Despedida i.r.real por el ruido interrumpido de Javier Piñango.


Hoy martes 9 de septiembre ha sido duro. De pena y de lloros tras recibir la llamada de Almudena, pareja de otro gran músico que falleció (Juan Antonio Nieto). Pues sí, al final ha ocurrido lo que no queríamos que pasara. Javier Piñango, se nos ha ido tras una grave enfermedad. Era un amigo, cómplice y padre putativo en lo musical, figura clave en la música experimental y electrónica de nuestro país, pero también alguien con quien compartir una mesa, un café, un cigarrillo y un buen copazo de whisky Cardú mientras sonaba de fondo esa música que tanto nos unía.

Javier fue muchas cosas: músico experimental, explorador incansable del ruido, de la electricidad, de la vibración, de la fisicidad del sonido (en eso era un gran maestro a la altura de los grandes). Gestor cultural irreverente, que no se arrodilló nunca ante instituciones culturales y políticas empeñadas en castrar la escena underground musical en España. Y también director de Experimentaclub, uno de los festivales más importantes de música electrónica y experimental en Europa, que marcó un antes y un después en nuestra manera de entender la creación contemporánea del siglo actual.

Pero detrás de la figura pública había un hombre cercano, directo, irónico. Le gustaba Facebook —su red favorita— porque allí podía desplegar su pensamiento sin filtros, compartir música, ironizar sobre lo que él llamaba con sarcasmo el “ambient bonito”, género que nunca fue de su devoción. Lo suyo era otra cosa: la intensidad, el riesgo, el ruido como latido vital.

En lo personal, Javier fue la primera persona que confió en mí cuando apenas llevaba tres años mostrando mi obra, después de solo dos conciertos sin salir de Murcia. Esa confianza temprana habla de su carácter, de sus buenos principios y de un altruismo radical: nunca le importaron el bagaje previo, los seguidores en redes sociales o los nombres consagrados. Lo que le interesaba era la autenticidad, la emoción y la apuesta por una escena cultural ibérica e iberoamericana que pudiera mirar de frente y sin complejos, al imperio cultural anglosajón. 

En nuestras conversaciones infinitas y en nuestros breves encuentros hubo complicidad, sabiduría compartida y risas. En 2023 lo trajimos a Murcia con la Asociación Intonarumori para el Festival FASME, y aquella experiencia quedó grabada en quienes tuvimos la fortuna de escucharle y acompañarle. Y qué decir de esas veladas interminables que se alargaban hasta el amanecer, entre humo, whisky y la convicción de que estábamos construyendo algo más grande que nosotros.

Javier fue, además, un motor inagotable de proyectos: el sello Triquinoise, la revista Noise Club, o grupos como CerdosMil Dolores Pequeños, Destroy Mercedes o Druhb. Fundó también junto a otros artistas Por Caridad Producciones, colaboró con Anki Toner en el proyecto Ankitoner Metamars, fue el 50% de  Rally!, y en los últimos años apostó por su proyecto en solitario i.r.real, una exploración radical a partir de la deconstrucción de la masa sonora generada por el sintetizador Korg MS20, su inseparable compañero. Su obra musical y editorial seguirá siendo referencia para quienes entendemos que la cultura debe ser siempre un acto de insumisión y libertad.

Su cuerpo ha colapsado, pero su figura no. Javier sabía mejor que nadie que somos únicamente materia, vibración que un día cesa. Y así se ha ido: en silencio, sin mediar palabra, practicando de forma radical un silencio afligido en los últimos momentos de su desintegración física. Estoy desolado por lo tremendamente difícil que resulta escribir sobre alguien que aprecias, un amigo, y más aún cuando faltaba una semana exacta para poder encontrarte con él en su residencia de las últimas semanas, el hospital Gregorio Marañón. 

Pero queda lo que él mismo nos enseñó: su recuerdo, sus proyectos, su música, su irreverencia y su forma de vivir el arte como un espacio de libertad. Ese legado, tan humano como sonoro, seguirá latiendo mucho más allá de la materia. La última vez que nos encontramos fue en Alicante, en el Festival Atronador, justo un día después de su participación en el Festival FASME, de la Asociación Intonarumori. Al fin pude traerle al secarral de Murcia para que los habitantes del sureste disfrutaran de despiece sónico de su viejo y querido Korg MS 20. Esta tarde, mientras escribo estas palabras escucho su último disco publicado, el fantástico Disco Talgo, publicado por el sello andaluz Gruppo Ungido. Y también todas las colaboraciones que de forma altruista realizó Javier para los diferentes proyectos colectivos de carácter político que organicé para mi sello República Ibérica Ruidista (el 15M, el genocidio en Gaza)o en colaboraciones para obras mías como el disco Instruments. No quiero olvidar también que me invitó a participar con un disco en su extinto netlabel exp_net. Casualidades de la vida, el título del album se llamaba igual que este blog: alrededor del sonido. Buceando en su música, en sus incontables proyectos, destaco cuando conocí por primera vez su música con Mil Dolores Pequeños (que hicieron crujir la escena acomodada indie de la época), sus discos de Destroy Mercedes que radiaban en el programa de Ordovás, y que tanto me gustaban,  nuestras conversaciones sobre discos que publicó en Por Caridad Producciones, como el de Fitzcarraldo (Granero responde ovejas) o el mensaje que lancé a un correo de experimentaclub y que de forma sorprendente fue leído.

Hoy me queda, tras el abatimiento por la noticia, el agradecimiento, el cariño y el respeto profundo que siempre he tenido hacia Javier. Él lo sabía. Su ausencia duele, pero su ejemplo nos seguirá iluminando. Atrás quedan las palabras, las noches, los conciertos y esa confianza que me dio cuando más la necesitaba.

Que el ambient bonito te sea leve, querido amigo. Y que tu ruido siga resonando en la muchísima gente que te apreciaba.



Uno de sus últimos conciertos. El Festival FASME 2023. Centro Párraga, Murcia.



27.8.25

Escupemetralla y la madre de todas las casetes

Pinchad en la foto y os redirigirá directamente al enlace de la web para comprar la cinta. 

Hace unos días recibí, no sin cierta impaciencia, un paquete postal de Escupemetralla, uno de los proyectos underground más originales y subversivos del panorama estatal que subsisten aún de la época dorada de los años 80, publicando con cierta asiduidad aunque ciertamente con períodos largos de letargo. 

MATERIA EXÓTICA DEL UNIVERSO 1988-1995

El contenido en cuestión es una cinta de casete especial tanto por el contenido como por el tipo de formato de escucha. Por el contenido porque recopila sus primeros trabajos, todos ellos de culto (y que en alguna página de coleccionistas piden por la cinta original un buen dineral). Posiblemente sea la colección de cuatro primeros discos más interesante, atractiva y consistente de la música experimental de nuestro país, con permiso de Esplendor Geométrico, Francisco López, Avant-Dernières Pensées, y Comando Bruno

Son "Sublimado Corrosivo" (1988), "Burros de Dios/Asses of God" (1990), "Vida y Color" (1991), y "Multimierda" (1995). Además, se incluye el single fantasma "The Third World Chikenpoxp" (1994) y contenido adjunto como textos, videos, imágenes y también bonus tracks.Y todo remasterizado por los propios Escupemetralla y publicado en su propio sello Clonaciones Petunio, en este 2025. 

Estos arquitectos del miedo, vendedores de ácido clorhídrico para bebés, y ubicados en Nova Barcelona, como así se presentan ellos mismos en su propio blog de forma tan corrosiva como habitual, han creado un trampantojo de primer nivel, pues este completísimo artefacto es en realidad un pendrive con conexión USB A en forma de cinta que incluye nada más y nada menos que lo mejor de su discografía, indispensable a mi parecer para comprender en toda su magnitud la escena auténticamente underground de Cataluña, y que vivía al margen del rock y cualquiera de las otras formas de la música popular. 

Más que recomendable para cualquiera que estudie la historia musical hecha aquí o que por simple curiosidad le lleve a los márgenes más radioactivos de la escena musical, este recopilatorio colosal digno de tesis, abarca aproximadamente siete años, desde 1988 hasta 1995. 



Comienzo con la primera de las cintas que reeditan, que aunque dicen que nunca pidieron ser recordadas, os aseguro que quienes disfrutamos y coleccionamos material (no digital) experimental, agradecemos profundamente. Os sitúo en 1988, Perico" Delgado ganó el Tour de ese año con uno de los descensos más suicidas que podemos recordar y se produjo la primera huelga general que mamó Isidoro, también conocido como Felipe González, siendo posiblemente las más potente que se recuerde tras la dictadura franquista. 

Y mientras sonaba en muchas discotecas EBM lustroso (y nos sobrevino el auge del acid house por la vía ibicenca en lo que denominaron segundo verano del amor), apareció (para sorpresa del mundo naif) una colección de temas que rebosaban creatividad futurista, detritus sónico de alto voltaje que abrasaba al más infraser de los negacionistas climáticos, y una especie de Nag, Nag, Nag cabaretera y super dadaísta, (que es lo más cercano a un single parido por Muhammad y Muhammad) que roza la adicción y que se titulaba "Cuac, cuac, cuac".

Es metralla en doce casquillos que te entra en lo más vulnerable de nuestra corteza auditiva. El álbum es un inicio de anti carrera "musical" espectacular, cuyo título certero explica muchas ideas y conceptos del disco "Sublimado corrosivo", muy en la línea de títulos magistrales de la época (e incluso de nombres de sellos discográficos). 

Se inicia con "Boato" que arranca con sampler y ritmo industrial de querencia por la pesadumbre y la repetición con incorporación de sonidos estridentes en paralelo, le siguen otras grabaciones como "Retales Marisa" que tras la inclusión de un sampleo marca de la casa con sonidos de marcha militar, se escucha (como bien dice el título) una colección de retales sónicos con sintes alucinógenos, field recordings ruidistas caseteros, y órganos de misa para el culto al trance. Cualquiera de esos extractos podría ser perfectamente una canción para maxi de 12 pulgadas. "Baronesa Russlein von Altebar" es simplemente un trallazo comatoso con un sub grave que te dilata las pupilas, al más puro estilo arty noise, o como si Chopin le diera duro al fentanilo. "Sagunto" podría haber sido incluida en alguna de las primerísimas casetes de Esplendor Geométrico y no hubiera pasado absolutamente nada. 

Es de lo más salvaje del industrial tribal parido en la jodida piel de toro. Es un auténtico tsunami que si hubiera sido usado como arma, otro resultado se hubiera producido en la lucha de clases en esa ciudad mediterránea cuando el desmantelamiento de la industria en los años anteriores a la entrada en la CEE (ahora UE). 
"20 segundos para bailar (golpea tu cabeza contra la pared)" suena cabecera de carta de ajuste para televisiones de otra galaxia. Y el resto de escupitajos sónicos del primer disco oscila entre noise para promocionar empresas de desguace, y rollo tribal que estaría en el top ten de ventas en una  sociedad post industrial apocalíptica tras vertido de hongos radioactivos. "Arroja la bomba", en la parte final del disco, podría sonar perfectamente en alguno de los discos ochenteros de Esplendor Geométrico. De la época de Mekano-Turbo. Pero con temática guerra civilista antifascista. 



"Burros de Dios/Asses Of God" suena a saeta de Throbbing Gristle y Cabaret Voltaire en plena ola de calor. A pesar de la digitalización-remasterización, nuestros tímpanos intuyen la sequedad de los ruidos cortantes industriales de este segundo trabajo que inaugura una nueva década, la de los 90. Con una de las más críticas y mejores portadas que he visto en mi vida (retrato de Escrivá de Balaguer) esta opus subversiva suena más homogénea que su predecesor con sonidos y con ritmos más pulidos, pero sin perder creatividad, radicalidad y visceralidad. 

La crítica y la ironía de sus títulos no desaparecen , n absoluto. Es un disco delicioso en todos los sentidos, de principio a fin, con bastante equilibrio entre los cortes más rítmicos y tribales que incitan constantemente al baile de carácter animista, a los experimentos típicos de sus coetáneos. Esto es pura misa negra. Un descenso a los infiernos para combatir la cultura sectaria y ultra-religiosa a modo de loops, sintes sin exorcizar, y samplers anti conservadores. Si os ponen unas velas negras mientras suena este disco, la muerte por corazón roto estará asegurada. 

Pero lo que más me inquieta es la semejanza de uno de mis trabajos (dueto con A. L. Guillén) en el tratamiento de algunos sonidos para el disco "Koinonía", bajo el nombre de La Orquesta Argárica. Porque este disco no lo había escuchado nunca en su integridad excepto las tres primeras canciones.



Solo un año después, 1991, publicaron "Vida y Color", un disco no tan conocido, para los de generaciones posteriores, como por ejemplo "Multimierda". Abren el disco con una base dance digna de productores belgas como Jo Bogaert que acompaña scratches sobre frases tan delirantes como la del título "Tenemos todo el barro que queremos". Una sinfonía vinidélica acompañada por unos riffs de guitarra finales que podría sonar en una discoteca con Christian Marclay de relaciones públicas. El sampler va tomando cuerpo en este disco. 

Cada vez que lo escucho me genera más admiración. El segundo track contiene, sin no me equivoco, un sampler de Public Enemy. Puro pegamento para sobrevivir en mundos urbano y salvaje. Donde el culto a la cultura popular domina en la producción dignificando a los habitantes que deambulan por los barrios obreros. ¿The Bomb Squad y Jon Hassell juntos? Sí. Y no es un milagro esa fusión. Han sido clonados en Barcelona. Clonaciones Petunio culpables. No voy a desglosar cada compás del album. Prefiero que lo escuchen con la atención que merece. 

Esta rara avis es materia más que exótica, es una pastilla gomosa que induce a un caos semi controlado. Escupemetralla predica que lo ideal es una escucha en domingos extraños. Como ese "Tocomocho" sin camisa roja y corbata negra para robots, ¿la habrán escuchado Ralf y Florian? O la exhuberante oda iraquí post (o pre) Guerra del Golfo titulada "NWO", acrónimo de New World Order. Como siempre, anticipan la historia porque viajan desde el futuro. El final perfecto es ese loop drónico, inquietante y a su vez bello titulado "Motor inmóvil aristotélico". Si escucháis esta canción con el inicio de las películas Blade Runner o Cielo Líquido os dejará boquiabiertos. 


No pienso escribir nada de uno de mis discos favoritos e influencia directa en mi manera de entender y articular los sonidos. "Multimierda", obra maestra de la música experimental y underground española está incluido en este recopilatorio. Y sí, contiene su mega anti éxito "Quiero ser guitarra de Esplendor Geométrico". Pero el disco es muchísimo más que eso y se sabe al darle al play para escuchar "Ritmo X". Por cierto, me hice una camiseta con la portada, de las más provocativas de la historia de nuestro país. 

La llevé para uno de mis conciertos hace algunos lustros, y casi acabo en pelea porque un cazurro (niño de papá en realidad) no entendió la ironía. Creía que era nazi porque aparecía Hitler en la foto. En fin. Anécdota irrelevante y mucha multi masa sonora.  Eso sí, la inspiración multi mierdosa hizo que el concierto saliera redondo, calentando motores para el cabeza de cartel, Cristian Galarreta


De regalo, tras el tríptico insuperable, se incluye para cerrar este agujero de gusano colapsado (que no box set), como ellos explican, "The Third World Chickenpoxp", de 1994, un año antes de "Multimierda". Obvio el homenaje a The Residents pero con Ceaucescu comiendo pollo KFC y un nazi sujetando una zanahoria en la portada. Detritus de primera en modo "Third Reich ´n`Roll" rumano con dos temas que son puro sabotaje. Carburetor Records se equivocó. ¡Kaw-Liga Noise! 


Lo único malo es que se me ocurrió presentarles la idea de realizar una sesión, pero no la típica de DJ, sino de esas que hago bajo el alias DJ Acid Marx con el nombre de Cabina Experimental, donde doy rienda suelta a todas las tropelías prohibidas en una cabina de DJ. O sea, usar la cabina de los pinchadiscos en una zona de control para la experimentación más libre y radical. 

De este modo, surgió de entre la no set box de Escupemetralla parte del contenido de la cinta, a modo de sincero homenaje. Lo que no esperaba es que aceptaran la propuesta. Supongo que la ola de calor extrema en estos tiempos de crisis climática y económica hacen lo suyo incluso entre las mentes más lucidas. Se titula "Escupemetralla Corrosiva Mix" y concentra en menos de media hora el espíritu crítico y super creativo de uno de los mejores proyectos que ha parido la experimentación catalana.


¡Larga vida a Escupemetralla!