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10.4.26

Frecuencias de futuro: Afrika Bambaataa y la arquitectura del ritmo vital


Hay figuras que no solo habitan su tiempo, sino que lo reprograman. Afrika Bambaataa(de nombre real Lance Taylor) fue una de ellas. Y acaba de fallecer casi a los 69 años víctima del cáncer y con un rastro de polémica y descrédito por acusaciones de abuso infantil décadas atrás.

Pero fijando el centro en su faceta como músico y productor, Bambaataa no fue simplemente un DJ, no únicamente un pionero, sino un arquitecto de posibilidades en un mundo que insistía en clausurarlas.

Desde el Bronx incendiado de los años 70, donde el abandono estructural era política pública encubierta, Bambaataa operó como un ingeniero de futuros. Allí donde el Estado veía ruina, él oyó ritmo y se convirtió en su arquitecto. Allí donde la historia oficial narraba decadencia, él ensambló continuidad: África, tecnología, calle, máquina.

Para entender su magnitud hay que abandonar la nostalgia. El hip hop que ayudó a fundar no era un género: era una infraestructura cultural, una red de transmisión de sentido. La Zulu Nation no fue simplemente una crew, sino un proto-sistema de gobernanza simbólica, una contra-institución en el corazón de la desposesión.

Lo más destacable de Bambaataa es que no pedía permiso para crear, construir, unir. Mientras otros narraban la violencia, él diseñaba salidas. Convertía electricidad en comunidad. Tomaba el pulso de la calle y lo amplificaba hasta convertirlo en doctrina.

Pero hay algo más inquietante en su legado: su relación con la máquina. En temas como Planet Rock, la influencia de Kraftwerk no fue simple apropiación, sino traducción insurgente. Me refiero a la canción de los germanos titulada Trans-Europe Express. Y como curiosidad fue la primera pista de R&B en usar un caja de ritmos Roland 808. Sin duda, Planet Rock ayudó a definir un nuevo movimiento en la música, el electro, que a su vez inspiró el Miami bass (Jeff Mills cuando era como conocido como The Wizard podría hablar de ese estilo) y el techno de Detroit, y llevó al músico a ser casi icónico.



Europa había imaginado la máquina como futuro, Bambaataa hackeó esa máquina para hacerla habitable desde el margen racializado. En realidad usaban la música electrónica no como experimentación o divertimento sino como lenguaje de supervivencia. 

Justo en un tiempo donde el capitalismo tiende a reciclar el pasado en bucle infinito, Bambaataa representó una ruptura. Pero no una repetición estilizada, sino una auténtica irrupción de lo nuevo. Su sonido no era retrofuturista; era, en su momento, una grieta en la linealidad del tiempo cultural.

Y sin embargo, como todas las figuras que abren portales, su legado no puede ser domesticado fácilmente. La historia intenta convertirlo en estatua, en origen neutralizado. Pero Bambaataa no fue neutral. Fue conflicto, fue tensión, fue invención bajo presión. 

Sin Bambaataa, el hip hop no habría aprendido a pensarse como nación. No solo música, sino misión.

Hoy, mientras las plataformas convierten la cultura en flujo desmaterializado, el algoritmo suplanta al DJ, y un pequeño sector de la juventud se arroja a los putrefactos brazos del fascismo y la reacción en el seno del hip hop, la pregunta no es qué queda de Bambaataa, sino qué hemos perdido sin su impulso más allá de la recuperación de la Roland 808 para vómitos sonoros traperos de aduladores lumpen del individualismo cripto. Que está en las antípodas ideológicas de lo que promovían Bambaatta y sus Soulsonic Force.  



Me vienen imágenes superpuestas como flashes. Chavales de mi pueblo bailando breakdance con la música de Bambaataa, canciones colaborativas con el padrino del soul James Brown, djs de todo pelaje (como Westbam en Viva TV) mostrando en programas musicales sus joyas de colección como su disco Death Mix

Me detengo aquí, ya que a lo largo del tiempo, innumerables DJs han absorbido la influencia de uno de los documentos de mezcla más decisivos jamás editados. Paul Winley publicó este disco fundamental en 1983 a través de su propio sello. 

La calidad sonora resulta casi arcaica (los scratches rozan la estática), pero precisamente ahí reside su potencia: en ese registro crudo se despliegan Afrika Bambaataa y DJ Jazzy Jay (otra de las fuerzas sónicas) en su estado más germinal, articulando una cartografía rítmica que va de Grandmaster Flash a los japoneses Yellow Magic Orchestra.

No se trataba solo de mezclar discos: era una pedagogía en acto. Interrumpían, cogían el micrófono, orientaban a la multitud y, en ese gesto, revelaban cómo el electro no fue simplemente un estilo, sino una operación de traducción cultural que reconfiguró la vieja escuela desde dentro.



La pregunta necesaria ahora mismo es ¿Dónde están ahora esos arquitectos del futuro capaces de convertir ruinas en sistemas?

Lo que verdaderamente se es que Afrika Bambaataa, como renegado funk, no solo nos dio sonidos nuevos y excitantes. Nos dio un método: tomar lo que el mundo descarta y convertirlo en señal. Y esa frecuencia, aunque intenten silenciarla, siempre se seguirá transmitiendo.

Party people, party peopleCan y'all get funky?Soulsonic Force, can y'all get funky?The Zulu Nation, can y'all get funky?Yeah! Just hit me

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9.9.25

Despedida i.r.real por el ruido interrumpido de Javier Piñango.


Hoy martes 9 de septiembre ha sido duro. De pena y de lloros tras recibir la llamada de Almudena, pareja de otro gran músico que falleció (Juan Antonio Nieto). Pues sí, al final ha ocurrido lo que no queríamos que pasara. Javier Piñango, se nos ha ido tras una grave enfermedad. Era un amigo, cómplice y padre putativo en lo musical, figura clave en la música experimental y electrónica de nuestro país, pero también alguien con quien compartir una mesa, un café, un cigarrillo y un buen copazo de whisky Cardú mientras sonaba de fondo esa música que tanto nos unía.

Javier fue muchas cosas: músico experimental, explorador incansable del ruido, de la electricidad, de la vibración, de la fisicidad del sonido (en eso era un gran maestro a la altura de los grandes). Gestor cultural irreverente, que no se arrodilló nunca ante instituciones culturales y políticas empeñadas en castrar la escena underground musical en España. Y también director de Experimentaclub, uno de los festivales más importantes de música electrónica y experimental en Europa, que marcó un antes y un después en nuestra manera de entender la creación contemporánea del siglo actual.

Pero detrás de la figura pública había un hombre cercano, directo, irónico. Le gustaba Facebook —su red favorita— porque allí podía desplegar su pensamiento sin filtros, compartir música, ironizar sobre lo que él llamaba con sarcasmo el “ambient bonito”, género que nunca fue de su devoción. Lo suyo era otra cosa: la intensidad, el riesgo, el ruido como latido vital.

En lo personal, Javier fue la primera persona que confió en mí cuando apenas llevaba tres años mostrando mi obra, después de solo dos conciertos sin salir de Murcia. Esa confianza temprana habla de su carácter, de sus buenos principios y de un altruismo radical: nunca le importaron el bagaje previo, los seguidores en redes sociales o los nombres consagrados. Lo que le interesaba era la autenticidad, la emoción y la apuesta por una escena cultural ibérica e iberoamericana que pudiera mirar de frente y sin complejos, al imperio cultural anglosajón. 

En nuestras conversaciones infinitas y en nuestros breves encuentros hubo complicidad, sabiduría compartida y risas. En 2023 lo trajimos a Murcia con la Asociación Intonarumori para el Festival FASME, y aquella experiencia quedó grabada en quienes tuvimos la fortuna de escucharle y acompañarle. Y qué decir de esas veladas interminables que se alargaban hasta el amanecer, entre humo, whisky y la convicción de que estábamos construyendo algo más grande que nosotros.

Javier fue, además, un motor inagotable de proyectos: el sello Triquinoise, la revista Noise Club, o grupos como CerdosMil Dolores Pequeños, Destroy Mercedes o Druhb. Fundó también junto a otros artistas Por Caridad Producciones, colaboró con Anki Toner en el proyecto Ankitoner Metamars, fue el 50% de  Rally!, y en los últimos años apostó por su proyecto en solitario i.r.real, una exploración radical a partir de la deconstrucción de la masa sonora generada por el sintetizador Korg MS20, su inseparable compañero. Su obra musical y editorial seguirá siendo referencia para quienes entendemos que la cultura debe ser siempre un acto de insumisión y libertad.

Su cuerpo ha colapsado, pero su figura no. Javier sabía mejor que nadie que somos únicamente materia, vibración que un día cesa. Y así se ha ido: en silencio, sin mediar palabra, practicando de forma radical un silencio afligido en los últimos momentos de su desintegración física. Estoy desolado por lo tremendamente difícil que resulta escribir sobre alguien que aprecias, un amigo, y más aún cuando faltaba una semana exacta para poder encontrarte con él en su residencia de las últimas semanas, el hospital Gregorio Marañón. 

Pero queda lo que él mismo nos enseñó: su recuerdo, sus proyectos, su música, su irreverencia y su forma de vivir el arte como un espacio de libertad. Ese legado, tan humano como sonoro, seguirá latiendo mucho más allá de la materia. La última vez que nos encontramos fue en Alicante, en el Festival Atronador, justo un día después de su participación en el Festival FASME, de la Asociación Intonarumori. Al fin pude traerle al secarral de Murcia para que los habitantes del sureste disfrutaran de despiece sónico de su viejo y querido Korg MS 20. Esta tarde, mientras escribo estas palabras escucho su último disco publicado, el fantástico Disco Talgo, publicado por el sello andaluz Gruppo Ungido. Y también todas las colaboraciones que de forma altruista realizó Javier para los diferentes proyectos colectivos de carácter político que organicé para mi sello República Ibérica Ruidista (el 15M, el genocidio en Gaza)o en colaboraciones para obras mías como el disco Instruments. No quiero olvidar también que me invitó a participar con un disco en su extinto netlabel exp_net. Casualidades de la vida, el título del album se llamaba igual que este blog: alrededor del sonido. Buceando en su música, en sus incontables proyectos, destaco cuando conocí por primera vez su música con Mil Dolores Pequeños (que hicieron crujir la escena acomodada indie de la época), sus discos de Destroy Mercedes que radiaban en el programa de Ordovás, y que tanto me gustaban,  nuestras conversaciones sobre discos que publicó en Por Caridad Producciones, como el de Fitzcarraldo (Granero responde ovejas) o el mensaje que lancé a un correo de experimentaclub y que de forma sorprendente fue leído.

Hoy me queda, tras el abatimiento por la noticia, el agradecimiento, el cariño y el respeto profundo que siempre he tenido hacia Javier. Él lo sabía. Su ausencia duele, pero su ejemplo nos seguirá iluminando. Atrás quedan las palabras, las noches, los conciertos y esa confianza que me dio cuando más la necesitaba.

Que el ambient bonito te sea leve, querido amigo. Y que tu ruido siga resonando en la muchísima gente que te apreciaba.



Uno de sus últimos conciertos. El Festival FASME 2023. Centro Párraga, Murcia.



10.1.24

Niblock, maestro del minimalismo.

Phill Niblock 1933–2024 RIP.



Efectivamente, Phill Niblock ha muerto. Era uno de los grandes popes de la música experimental, difícil se hacía entender la música electrónica más alternativa sin él. Pero no hay que estar tristes, ha tenido una larga vida haciendo la mayoría de años lo que quiso, vivir de su trabajo, publicando discos durante más de 70 años. Grabando horas y horas. A saber el fondo de catálogo sin publicar que debe tener. En ese aspecto ha sido un privilegiado, ocupando así un lugar destacado en la historia de la música. 

También fue fotógrafo y cineasta. Amante de lo analógico, el formato acústico, y más tarde lo digital, cabe destacar, como indica el prestigioso sello Touch (su casa musical), su última colaboración con ellos, "Working Touch", en formato de pendrive USB de 22 GB con nuevo material. Supongo que era su obra póstuma, su despedida, o algo así. 

Para quien no conozca a Niblock, deben saber que de su generación los nombres y apellidos de renombre eran míticos: Subotnik, Alvin Curran, La Monte Young...

Descanse en paz.

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