2/10/14

Sonoscopio - Revista Sul Ponticello


Inmersos en un contexto de reformas represivas y de expolio, las intentonas para aplicar una nueva ley que teóricamente resuelva algunos problemas endémicos relacionados con la cultura en este país, pueden pasar desapercibidas. Es el caso de la Ley de Mecenazgo, paralizada hasta ahora desde 2011. Justo antes de ser aprobada, el director del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), Miguel Ángel Recio, afirmó hace unos días que no habría Ley de Mecenazgo en esta legislatura. “La Ley de Mecenazgo… no va a haber”. Hacienda también confirma que no habrá incentivos al mecenazgo cultural más allá de los contemplados en la actual reforma fiscal. ¿Que significa esto? ¿No apoyarán la iniciativa privada controlada básicamente por monopolios y Banca? ¿Es esta reforma fiscal en trámite parlamentario justa y equitativa? ¿Cuáles serán las novedosas desgravaciones para las artes recogidas en la futura reforma fiscal? ¿A quién beneficiará?
Las empresas podrán deducirse el 40% de lo que inviertan en mecenazgo, según últimas informaciones pero, ¿empresas de que tipo? Si ya estamos absorbidos por las Cajas de Ahorros y Bancos que son los que deciden gran parte de la programación artística con sus actos “sociales” ¿qué ocurrirá ahora?  Si meditamos un momento y nos preguntamos por los ideólogos  de semejante disparate, entenderemos algo sobre los futuros beneficiados de este entramado de dominio cultural.
Parece ser que esta Ley entrará de “tapadillo” y en diferentes fases mediante aplicaciones como la reforma fiscal, por ejemplo. Eso sí, la dichosa Ley no existirá oficialmente. La política del palo y la zanahoria entra en su fase de esplendor con este Gobierno: desgravaciones que benefician más a las empresas que a particulares, pero manteniendo un IVA del 21%. Si realmente quieren ayudar y fortalecer la ya raquítica industria cultural española, deberían bajar el IVA al 5% como en otros países europeos.
¿Soporte financiero para que se consoliden los proyectos culturales? Entonces ¿por qué atacan el llamado crowdfunding? Tal vez no interese la independencia cultural y sí el control cultural por parte de un sector privado donde Banca o multinacionales decidirán el tipo de arte que podrá llegar al público. Por lo tanto, la afirmación de que con la no aplicación de esa Ley ya no entrará el sector privado no tiene fundamento alguno. De momento son preguntas que no tienen fácil respuesta.
Sólo hay que remontarse unos años atrás. El origen de todo viene de los extensos años de la “dictadura” de la subvención, uno de los grandes males de las últimas décadas para todo el que intente, de forma original y comprometida, plantear algo en relación al arte en general.
Durante décadas, esa cultura de la subvención (bien articulada por los gobiernos del PSOE, y después del PP) sirvió al Estado como instrumento centralizador y monopolista de la creatividad. Determinando la creación artística y sus contenidos, y sometiéndola a los intereses del poder y los gestores de turno. Algo que nos es familiar a muchos en la actualidad.
El dicho popular “quien paga manda” se ha venido redimensionando de forma extraordinaria en estos últimos años, y más aún  mientras asistíamos alucinados cómo los principales bancos condonaban millones en deudas a los partidos políticos. En tiempos de recortes para pagar la deuda externa contraída por la banca, el ámbito de la cultura está siendo estrangulado lentamente, un sector creciente que siempre demostró que podía generar riqueza y puestos de trabajo. Los problemas siempre vinieron tanto de la intervención pública (subvenciones) como de los grandes grupos monopolistas culturales, principalmente grandes distribuidoras y discográficas multinacionales. Así que presentar, como algunos músicos hacen, la contradicción en términos de público versus privado, una vez más, nos impide comprender en su dimensión verdadera la auténtica naturaleza del proceso de concentración de poder en poquísimas manos. Y el mundo de la cultura (como generador de riqueza y parte integrante del sistema) no está al margen de las leyes objetivas del mercado, del modo de producción capitalista.
Con los dos grandes partidos políticos, que se alternan en el gobierno para gestionar lo que no es suyo, hemos asistido al traspaso de la deuda privada a las arcas públicas, y a la actuación del Estado garantizando los intereses de la gran banca española y extranjera.
Ahora tendremos que enfrentarnos a otra de sus maniobras, planeadas desde hace tiempo con esta Ley de Mecenazgo. La maniobra, más allá de interpretaciones en cifras por deducciones y otras cuestiones, consiste en que el Estado español entregará el control directo de la producción cultural a los grandes bancos y monopolios, costeando los gastos con nuestro dinero a través de exenciones fiscales.
No es que debamos interpretar esto como algo novedoso, pues antes ya ejercían control sobre la producción artística. Pero lo realmente definitorio de esta injusta ley es que al no tener que “pasar” por las estancias estatales y el “control público”, desaparecerán los pocos espacios de escape y rincones diminutos de libertad, porque serán barridos y liquidados cuando se apliquen las pretensiones del ministro.
La consecuencia será, además, que el Estado ingresará aún menos dinero, por lo que los recursos serán aún más limitados y raquíticos que los que se gestionan en el presente. La conclusión final no debe ser que tengamos que pedir la desaparición de las subvenciones públicas, ni las de la iniciativa privada. Más bien al contrario. Lo que debemos transformar dando un giro de 180º es la naturaleza del proceso, que debe ser siempre popular. Obviamente el Estado tiene que redistribuir los recursos para sostener la cultura, incentivar una industria privada y competitiva en desarrollo, y someter toda la actividad al control profesional y ciudadano. Implementando políticas subvencionadas, como rebajas fiscales y mecanismos de supervisión independientes.
Si no lo hace el Estado, hagámoslo los ciudadanos y los profesionales, al tiempo que  se lo exigimos a las administraciones.
El camino a seguir es el del mecenazgo, pero no el que plantea el gobierno, sino el mecenazgo popular,  ya que estamos asistiendo a la consolidación, con sus problemas y contradicciones, de multitud de alternativas independientes de enorme creatividad que demandan este tipo de políticas. Desde la financiación popular y la colaboración de las pequeñas empresas del sector, podremos hacer frente a una Ley absolutamente reaccionaria y monopolista.
Por mucho enterrador (ahora trasnochados por los acontecimientos) que intentan liquidar a Marx, se hacen actuales sus palabras y pensamiento. En su Crítica del Programa de Gotha escribió: “… nombrar al Estado educador del pueblo. Lo que hay que hacer es más bien substraer la escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia. Principalmente en el imperio prusiano-alemán [...] donde es, por el contrario, el Estado el que necesita recibir del pueblo una educación muy severa“.
(Sergio Sánchez Nicolás)
jazznoize@hotmail.com 

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