31/1/17

Paloma Chamorro. Contra viento y marea.


La noticia sobre el fallecimiento de Paloma Chamorro aparecida en los medios de comunicación, incluidos los reaccionarios que tanto le hacían la vida imposible, ha sido un mazazo brutal para toda una generación que sintió durante escaso tiempo algo parecido a eso que llaman libertad de expresión, y más concretamente en un ente público como TVE, que durante algunos años de los primeros ochenta, estuvo poco intervenida por lo que luego denominaron como felipismo. El gobierno de entonces ni tenía todavía las garras bien afiladas ni el proceso de auténtica lobotomía a la juventud estaba engrasado en su totalidad.

Hemos comprobado nuevamente el enésimo ejemplo del proceso monopolista y de concentración en los medios de comunicación. No importa si el periódico se autocalifica de progresista o conservador. Casi todos, y partiendo del ya impuesto “copia y pega” (o eso parece), titulan la noticia de igual manera: “ha fallecido un icono de la movida”. Casi todos coinciden también en la ocultación del carácter revolucionario de Paloma y de sus propuestas televisivas valientes, transgresoras e inteligentes, como era ella.

El papel de Paloma, al igual que el de otras grandes mujeres como Lolo Rico, otra mutilada (profesionalmente hablando), fue fundamental durante algunos años (más allá de aquello que luego denominaron La Movida. Ella estaba por encima de aquel hedonismo acelerado en excesos (había que recuperar el tiempo), y por dos motivos fundamentales:


Primero: por mostrar una realidad desconocida, en lo cultural, a un país que había salido pocos años antes de una dictadura de cuarenta años.
Segundo: por su labor, diría que totalmente pedagógica, a través de sus programas sobre arte.

Ambos puntos están recorridos por una idea nodular, el intenso afán por ser libre, y buscar la libertad, mediante la presentación de otro tipo de propuestas al gran público, para que tuvieran eco, y se pudieran mostrar sin restricciones y censuras de ningún tipo.

Bajo el contexto histórico de la fiesta post-moderna en la que todos debían colocarse y estar al loro, casi por decreto ley, se coló un programa por la puerta trasera. Estaba dirigido por Paloma Chamorro, se le llamaba La Edad de Oro, título algo insolente por la pretensión (o no) de defender la nueva cultura surgida de de las aparentes cenizas del franquismo. Era como otra nueva edad dorada que salió a la luz, se mostró, y explicó a los televidentes.

Se coló, y digo bien, porque tal vez ante el aún poco desarrollado rodillo (implacable) del control político de los medios, se pudo vender un programa, que interesaba al poder para su lavado de imagen, para ocultar que realmente estaba todo bien "atado": el underground, la modernidad como significado de un cambio verdadero en un país que ya estaba gobernado por otros políticos que sobre la teoría, debían cambiarlo todo.

Pero el programa pronto empezó a generar problemas a los gestores como Calviño, bastante más condescendiente y permisivo que los directores de TVE posteriores. Los “hachazos” que llegaron ya de la mano de Pilar Miró son históricos). No quiero ni imaginarme la cantidad de misivas que recibía el director de TVE por el programa en cuestión.

La prensa conservadora y la oposición de derechas se escandalizaba continuamente, y más aún cuando algunos se sintieron ofendidos por una actuación musical: ¡con la iglesia hemos topado!
Un abogado incluso denunció a la presentadora (juzgado de Móstoles) por una de las emisiones del programa, en 1984 si mal no recuerdo. 

La sentencia favorable a Paloma Chamorro llegó varios años después, ya en los años noventa. Tras el juicio quedó en libertad provisional y TVE quedó como responsable civil subsidiaria. Y toda esta locura inquisitorial simplemente por un polémico programa de auténtica catarsis donde el grupo de Genesis P. Orridge (Psychic TV) había puesto una cabeza de cerdo en un cristo crucificado. ¡Blasfemia! Ese fue el principio del fin. 

Algo parecido ocurrió pocos años después con La Bola de Cristal, un programa educativo infantil de corte marxista que trataba a los niños como adultos y que se metía cada dos por tres con, atención, Reagan, la OTAN, Felipe González, y Margaret Thatcher. Por poner algunos ejemplos.

Volviendo a La Edad de Oro, este programa fue considerado como un bicho raro televisivo porque aunaba las diferentes facetas del arte, como un todo: música, artes plásticas…

Le daba más valor por ser un en directo con actuaciones musicales también en directo. Los grupos no actuaban en playback. En la Edad de Oro no cabía una actuación de Ramones haciendo como que cantaban, eso era una ofensa a la dignidad y la inteligencia de los músicos y los espectadores. Otro logro fue el traer a bandas importantísimas, ahora imposibles de conseguir a no ser que sea para un festival despilfarrador. 
La lista de participantes en el programa es increíble: La fura dels Baus, Vagina Dentata Organ, Tom Verlaine, John Cale, Cabaret Voltaire, SPK, Golpes Bajos, Derribos Arias, Lou Reed, Bauhaus, Psychic TV, The Smiths, The Residents…

Un programa así, con ese nivel de transgresión, no se ha producido nunca, ni en la BBC ni en otras televisiones de prestigio internacional. Aquello fue como un experimento, algo irreal, un programa-isla, en un momento concreto, y dirigido por una mujer. 
Duró demasiado para un país en el que se impide el desarrollo de la cultura popular, y más aún en el campo de lo minoritario y de vanguardia. Paloma Chamorro fue castrada profesionalmente. Le cortaron las alas, como a todos los inconformistas no alineados, porque la televisión no podía tener un sentido crítico cultural.

Ahora nos embalsaman a una gran mujer en los diarios nacionales. Para ellos es simple icono de una movida madrileña aséptica y domesticada. Y su trabajo en televisión fue mucho más que eso. Representaba un universo más allá de punkis que televisión y hedonistas hijos de papá jugando a liberarse de las cadenas familiares y represivas del Estado. Los de aquella generación, los propios protagonistas (que participaron en el programa) o que simplemente veían desde sus casas por el televisor, no entendieron la grandeza de Paloma y su propuesta. Ahora, con el paso del tiempo, y contextualizando lo que sucedió, se "cortarían las venas" por unos minutos más de aquella Edad de Oro. Actualmente algo similar estaría totalmente vetado, prohibido.

En 2017 no es que topemos con los puritanos ni con la Iglesia, nos topamos con unos dirigentes (no me refiero a los políticos) con más capacidad de control y represión, aparente e invisible, y en ocasiones no tan invisible. Ya no les hace falta defenestrar bajo la bandera del puritanismo que se escandaliza con los gestos de un Genesis P. Orridge, o un Jordi Valls destrozando a machetazos las obras de arte de un artista mientras acaricia perros lobo.
Nos encontramos en un punto de represión moral que ya forma parte del entramado ideológico que sostiene y justifica lo que todos odiamos, y que a su vez, aguantamos cada vez con más resignación.

La Edad de Oro fue uno de los escasos ejemplos de libertad, de querer mostrar el reverso de una generación joven nacida en muerte. 

Ahora que se silencia todo esto que tiene que escribir una persona que no es periodista, solo nos muestran la superficie de lo que realmente hizo Paloma Chamorro.
Esto es injusto e indecente. Ella ya pagó un alto precio por rebelarse, por ser independiente, y por amar el arte desde la libertad. 

La silenciaron en su momento, y ahora lo vuelven a hacer revistiendo su trabajo de falsa y domesticada modernidad, algo contra lo que ella luchó de principio a fin. Se apropiaron de su programa, pero ella está en nuestros corazones, y eso no lo cambiará nadie, ni con restricciones dictatoriales como la de los gestores que fulminaron su programa, ni con lavados asépticos de prensa en columnas periodísticas dignas de ser cuñas publicitarias en un Centro Comercial de los cientos que hay esparcidos por esta apaleada Iberia.

En algún portal digital leí que Paloma escribió un libro sobre la sorprendente historia de aquel programa, pero si no me equivoco, no se llegó a publicar. Ahora, tras acordarnos de ella en el día de su fallecimiento, volvemos a la cruda realidad, la de la televisión basura hiper-desarrollada, como decía ella misma, ya que no existe ni televisión verdaderamente pública, ni tampoco dignidad en las televisiones privadas. Dentro de unos días esos medios de comunicación se olvidarán de aquel mito televisivo de la UHF, y también de su creadora, Paloma. Y todo por querer culturizar al pueblo con propuestas transgresoras. Era demasiada crítica incluso con las élites intelectuales, tan aborregadas en su complacencia elitista y pequeñoburguesa. Por eso nunca la perdonaron y la desterraron de la televisión. Hasta siempre Paloma Chamorro.

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